Testimonios

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En este apartado te damos la oportunidad de compartir tu historia y leer la de otros afectados.

Mándanos un e-mail, y nosotros nos encargamos de publicarlo para dejar que otros puedan aprender de tu experiencia o al menos sentirse comprendidos.

Pueden usar su nombre o un pseudónimo, el objetivo no es entrometerse en la intimidad de nadie, sino que los que lo lean se sientan entendidos y tal vez ánimados a seguir adelante con algunas historias de superación. Asimismo, si en algún momento quiere que su testimonio sea retirado, solo tendrá que mandarnos un correo solicitándolo.


Gracias por la colaboración.

 

 

TESTIMONIO 3

Nerea L. C. Me llamo Nerea, tengo 20 años, soy estudiante de psicología, y no recuerdo con exactitud cuando empecé a padecer un trastorno de la alimentación. Tampoco me acuerdo de cuando me instalé a vivir en su falsa comodidad. Algo dentro de mi cabeza, lo cual no he descubierto aún lo que es, me prometió una vez la felicidad. Me dijo que si cumplía una serie de normas conseguiría ser mejor (¿en qué? En todo). Yo hice caso y cada vez que lo hacía me daba una palmadita en el hombro. Me hizo sentir fuerte y pensar que los débiles eran los demás. Durante un tiempo experimenté esa supuesta felicidad que me había prometido, pero ese regalo no tardó en convertirse en una condena. La meta cada vez estaba más lejos, cada vez que conseguía un objetivo me fijaba uno nuevo, y otro y otro y otro más, y nunca llegaba, nunca era suficiente, siempre quería más de mi. Que restringiera más, que controlara más, que adelgazara más, que aguantara más, que intentara ser más fuerte, que no me rindiera. “venga que ya hemos llegado casi, estás a punto de conseguirlo”. Ahora sé que la felicidad no existe en el lugar donde me quiere llevar, y aunque tampoco sé como dejar de caminar hacia allí afortunadamente cuento con el apoyo de un montón de gente que me quiere, muchas personas que no me conocen pero creen en mí, y un grupo de profesionales que me están ayudando a encontrar el camino (una vez más). A los que conviven con alguien que padece TCA les doy la enhorabuena por la fortaleza, la paciencia y la entereza; sois héroes, sé lo difícil que es vuestro papel y admiro vuestra persistencia. A los que padecen un TCA sea cual sea su gravedad, os mando mucho ánimo, podéis conseguirlo, todos lo haremos. A todos en general, no dejéis que nada ni nadie os diga que hacer, parece un tópico y es difícil en la sociedad actual pero intentad sed vosotros mismos. Somos más que guapos, feos, altos, bajos, miopes, con brackets… nuestro cuerpo nos mantiene con vida, es nuestro vehículo a la felicidad, sin el no podemos estar aquí. Devolvámosle el favor y cuidémosle. Asique arrimemos fuerza y luchemos, avancemos, poco a poco, se permiten paradas pero no retrocesos. Nosotros podemos, todos, pacientes, padres, madres, herman@s, amig@s, parejas… no os rindáis. Hay que hacerlo, y si da miedo, se hace con miedo pero se hace. Ánimo a todos.

PD: por vosotros familia, sois los mejores.

TESTIMONIO 2

Luis Miguel GM. He sufrido uno, como tantas personas, pero por motivos t ristisimos que me hicieron no sentarme a la mesa familiar al quedar tan vacía... Tuve el inmenso apoyo de otros miembros y una sencilla pero brillante doctora de Alcalá de Henares que me hizo ver que yo era...más fuerte de lo que creía. Y me llegó al alma esa frase. Voy poco a poco, pero noto mi superación. Siento lo que le ocurre a esas personas, pero con ayuda y diálogo deben luchar a vencerlo. Buena suerte a todos. Y salud todos los días.

TESTIMONIO 1

Eva Maria A. Intentaré ser breve... Todo comenzó cuando empecé el instituto a los 14 años... Yo siempre había sido una niña "rellenita" pero normal, sin obesidad, bueno no me preocupaba de nada más que de divertirme y los estudios, como cualquier otra adolescente.  Pero ese año fue de grandes cambios en vida, pasar al instituto sin conocer a nadie... Entre otras cosas. Estaba muy perdida, y lo que más temía eran las clases de gimnasia pues no eran mi fuerte y los compañeros se burlaban, y eso me hacía sentir inferior, y ya era introvertida pues eso ya hizo que me aislara más. Ya en clase, además se burlaban por mi forma de vestir (siempre de negro, aún lo hago) y encima me fui a enamorar de un chico que me ignoraba. Al final ir al instituto era: "A la viuda le pesa el culo" "Te has comido a toda la familia Adams eh Miércoles?" de hecho dejé el instituto durante un mes, un mes en el que perdí unos 6 kilos, empecé a fumar, a no comer durante el día, y por la noche tenía un hambre que devoraba todo lo que hubiera por la cocina. Chocolate, sobretodo chocolate. Y después, el cargo de conciencia. Y eso me impulsaba a vomitar, incluso a darme golpes en el estómago, a dejarme la piel morada de los golpes. Encima, la gente me decía que me veían muy bien, que estaba más guapa. Y además el chico que me gustaba y que me había ignorado hasta entonces, me pidió salir... Y eso me animaba a seguir con lo que estaba haciendo.  Mi madre en seguida se dio cuenta.  Empecé con anemia, reglas irregulares, y lo mucho que frecuentaba el cuarto de baño.  Mi madre empezó a seguirme al baño.  Ya me llevaron al médico, al psiquiatra, me pusieron una dieta que no seguía.  Tenía prohibido pesarme en la báscula pues llegaba a hacerlo hasta 15 veces al día.  Luego acabó el curso, me cambié de instituto, las que eran mis amigas hicieron amistades por su cuenta, con otros compañeros de clase, y de nuevo me vi sola, no salía nunca de casa.  Y mis fines de semana eran película, litros de coca cola, chucherías, gusanitos,  de todo... Para cuando mis padres ya estaban durmiendo, iba al baño y lo vomitaba todo.  Tenía tanta facilidad para hacerlo que había veces que no me daba tiempo de llegar al baño, hasta que una noche mi madre me vio, vomitando y llorando desconsoladamente. No podía más.  Tenía 15 casi 16 y había tocado fondo.  Entonces, vino el cambio y la ayuda que necesitaba. Me fui de vacaciones con toda mi familia, estaban más pendientes de mi que  en la casa de gran hermano, realmente no había momento "disponible" para vomitar. Me apunte al gimnasio con una amiga y me lo pasaba genial, además de que me volque cuidando y jugando con mi sobrinita que por entonces tenía un año. Empecé a salir los fines de semana con mis primas que somos de la misma edad y conocí a un montón de gente, que cada uno me aportó su granito de arena y sobretodo su gran corazón. Me apunte a clases de teatro que me sirvieron de mucho, era divertido, y me ayudo a quitarme la vergüenza, y lo mejor que me pasó en el momento fue encontrar un grupo de amigos con los que hice realidad mi sueño de cantar, formando una banda de "Metal Gótico" entonces el que me llamaran Miércoles se convirtió en un halago.  Al final, tras muchas visitas al médico, análisis y más análisi, dietas, etc., conseguí establecerme en un peso que para mi altura era el peso justo. Ni más ni menos. En fin, fue una etapa muy dura, muy difícil, pero también fue una etapa para darme cuenta de que a mi alrededor tenía a muchas personas y que yo era muy importante en sus vidas.  Y hasta que no comprendes lo que realmente importa en esta vida, no te das cuenta de que sin ti, nada sería igual. Si tu estás bien, todo estará bien. Y con mucho mucho cariño y mucha mucha paciencia, se sale, de todo se sale.  Sobretodo te das cuenta de que el problema no lo tienes tú, si no la sociedad que inculca "como debemos ser", las personas que no son capaces de  aceptar a otros es porque probablemente ellos también tengan algún problema y no se atreven a decirlo.  Había dicho que iba a ser breve pero... no he podido.  Y quería explicar bien todo.  Espero que mi historia ayude, y por favor, sobretodo no os calleis.  Incluso si empiezas a pensar "empiezo a verme..." dilo,  a quien sea por que lo más seguro es que sea por alguna otra razón que solucionándola a tiempo se pueden evitar problemas mayores.  Y por favor, disfruta de tu cuerpo,  es el único que tienes, cuidate como te mereces, y disfruta de la vida. Que si además todos fuéramos iguales,  el mundo sería un aburrimiento para la vista.  A la porra los cánones de belleza,  el 90-60-90 no son las medidas ideales. Un saludo.